Maduro agota la paciencia de la Unión Europea

De poco le ha servido a Nicolás Maduro la tarea de su Secretario de Asuntos Exteriores por el Viejo Continente para que Bruselas mirara a otra parte y no reparase en la deriva liberticida de su régimen. Hoy se acuerdan en Bruselas sanciones que incluyen desde el embargo de armas en todo material aplicable a las prácticas de represión interna. Con esta iniciativa, la Unión Europea se pone en la estela disciplinante de Estados Unidos y Canadá. La decisión europea incluye la “contradicción” ibérica, compuesta por las actuaciones hispanas y la abstención lusitana, quizá originada en el hecho de que sea portugués el actual Secretario General de Naciones Unidas.

Esta reacción europea contra el régimen chavista es la desembocadura de una situación de aislamiento hemisférico por la evolución del régimen chavista, desde un inicial nacionalismo de izquierda, genéricamente sinfónico del castrismo, hasta su desembocadura en la actual dictadura de Nicolás Maduro, designado por Chávez su heredero político y, en lo ideológico, hecho en los “talleres revolucionarios” de La Habana. Recién dejado el volante del autobús habanero.

Descolgada Venezuela de la Organización de Estados Americanos y desapegada sin pausa de Unasur, la Venezuela de Nicolás Maduro ha Ido alejándose más y más de los promedios democráticos del mundo Iberoamericano. Y en el último tramo, la deficiencia democrática se ha visto traducida en galopada dictatorial; especialmente tras la derrota electoral en las urnas parlamentarias de 2015, dónde la Oposición ganó dos tercios de los escaños y el propio Maduro, escamoteó el Referéndum Revocatorio al que estaba constitucionalmente obligado. Y de ahí en adelante dio el golpe de Estado por la vía de un “proceso constituyente”, creador de una nueva Cámara por encima de la Asamblea Nacional.

Tal disparate totalitario, rechazado por toda América (excepto Cuba y otros Estados regados con petróleo del Orinoco), es impugnado ahora por la Unión Europea.