El prisma fiscal saca los colores al independentismo

La fuga “heroica” del que fue efímero Presidente de una efímera república catalana, ha venido a coronar la peripecia política que, en forma de carambola, parece que  ha sentado las bases  para que nuestros hermanos catalanes dispongan de la calma que los huidos de ahora a tierras de Flandes, les habían sustraído. A ellos y al resto de los españoles.

Todo el follón que habían montado dentro de nuestras fronteras lo llevan ahora hasta Bruselas, donde Puigdemont pone en un brete al Gobierno de los belgas, mintiendo como un bellaco, con afirmaciones tales como la de afirmar que en España no existe división de poderes, hasta el punto de que los jueces resuelven al margen de la ley y conforme lo que dicta el Gobierno. Y lo dice allí como lo aseveraba aquí, cuando aún seguía en Barcelona, luego de haber sido destituido por el Gobierno, junto con su equipo de consejeros luego de proclamar la república de Cataluña.

Obligado es reparar en el problema que plantea el comportamiento de este exiliado de opereta, en el seno de la Unión Europea, al Gobierno de Bélgica, sentando de tal manera precedente de imposible aceptación en ese país, como en ningún otro Estado de la Unión.

También es ocasión de prever los desarrollos que sobrevienen con el despliegue de los demás efectos legales del prisma fiscal sobre el total de los cargos que se formulan desde la base legal del Artículo 155 de la Constitución. Instrumento de depuración y ajuste jurídico de amplia presencia y utilización en Estados que componen la UE.

De momento habrán de atenerse los “visitantes” de Bruselas (Puigdemont y Govern) imputados, por rebelión y sedición, a la cita de de la juez Lamela en este  jueves.