Epílogo del soberanismo en Cataluña

En la víspera misma de la reedición del españolismo en las  en las calles de Barcelona, y en tanto se daba entrada al Artículo 155 de Constitución en el  Senado, mientras  Carlos Puigdemond se reiteraba en su dialéctica de ausencias y silencios, sobrevenía – sin sorpresa para nadie – la brillante demolición, por la vicepresidenta Saénz de Santamaría, del sofisma mayor del soberanismo catalanista contra la réplica desde la Carta Magna a las transgresiones sistémicas de los límites de ésta.

Sofisma consistente en presentar la corrección ellas como regresión a prácticas supuestamente recentralizadoras por parte del Estado.

Cabe considerar el alegato de Sáenz de Santamaría como pieza de valor bastante para  disuadir a cuantos atacan las vías de descentralización en naciones que vienen de un pasado con una concepción centralista del Estado. En España, los constituyentes del 1978 tomaron de la Carta Federal de Alemania la fórmula correctora, garantista, enumerada como Artículo 155 de nuestra Carta Magna. Algo cuya validez, insisto, rebasa en términos prácticos el caso de Cataluña.

De ahí que convenga puntualizar sobre la pretensión del PSOE al respecto, dado que la tentación nacionalista se localiza en otros marcos regionales en nuestra Patria. Lo que no deja de preocupar porque Sánchez, su máximo rector, tiene envuelta en su sobrevenida visión multinacional de España un principio federal capaz de evocar aquel cataclismal recuerdo del Siglo XIX.