La falacia de los “presos políticos” catalanes

Pase lo que pase en las fechas inmediatas, al hilo de las 10 horas de este jueves, las manifestaciones de ayer en Barcelona y la movilización exterior, más allá de nuestras fronteras, abanderada con pancartas, contra el encarcelamiento de los presidentes de ANC y Ómniun por sentencia de la Audiencia Nacional, calificados como “presos políticos”, supone una falacia de la que se deriva política responsabilidad para las autoridades autonómicas de Cataluña, por manifiesta dejación de sus responsabilidades en la defensa del orden público.

Ello añade consecuencias más allá de lo que suceda en el cumplimiento de los plazos legales, por parte de la Generalidad, señalados por el Gobierno de la Nación, respecto de la activación del Artículo 125 de la Constitución por desvío de poder en el orden de las facultades de los Gobiernos Autonómicos.

La sobrevenida dialéctica de los despliegues de masas a lo ancho de las calles barcelonesas y de algún que otro punto de las poblaciones de Cataluña, comporta un componente de alto riesgo para los mínimos del orden público a que se debe toda gobernación en el seno de un sistema democrático de convivencia.

Por todo ello la dialéctica reiteración de las manifestaciones urbanas en estas horas límite de la España catalana, no puede menos que mover a inquietud puesto que conforme pasan las horas, se estrechan más y más los márgenes inherentes a toda solución pacífica y ordenada. El Estado español corresponde a un orden democrático regido por el Derecho y construido con las libertades. En España no hay presos políticos. Eso queda para las dictaduras de sujetos como Nicolás Maduro y carotas que le sirven desde afuera a un tanto por ciento variable.