El Kurdistán iraquí vota la independencia

Cupo en todo momento acertar la quiniela de 14 aciertos en el referéndum celebrado en el Kurdistán iraquí, puesto que el Sí ha merecido el 92,23 por ciento de los votos, y el No sólo el 7,27 por ciento de los sufragios. En este aparente turno de consultas pocas veces están tan radicalmente definidos en acepción de cantidad, previamente, los términos de la respuesta como lo estaban hasta ahora para los kurdos iraquíes, gobernados por Barzani. Por la misma razón de fondo, también resultaba previsible que desde el Gobierno de Bagdad llegaría el rechazo en los términos – de rechazo- que lo ha hecho.

No podría haber sido de otra manera. Los kurdos, como integrantes de una comunidad nacional sólo habían sido identificados por las potencias aliadas que habían vencido en la Primera Guerra Mundial, derrotando a Alemania y al Imperio Otomano. Después en la Conferencia de París, la Paz de Versalles, estableció las bases para el desguace de la estructura Imperial de los turcos y para que se acordara reconocer a la comunidad kurda – desplegada como una faja sobre el norte de Siria, Mesopotamia e Irán – la condición y rango internacional de Estado.

Pero ya en la década de los Años 30 sobrevino la aparición en los entornos del actual Kirkuk yacimientos de petróleo de gran importancia, parangonables con los existentes en Persia, que británicos y holandeses explotaban con cumplido y muy brillante provecho. Un tal Gulbenkian, armenio de avisadas y pertinentes capacidades, vio que los mismos que ya explotaban los pozos de Persia podían hacer lo propio en el norte mesopotámico, desvelado en Kirkuk. Los kurdos se quedaron sin Estado. En su lugar se levantó Iraq. Cuyo Gobierno deja entender que aspira a un pacto con la parroquia política de los iraquíes de Barzani.

Es muy razonable que estos kurdos se resistan a quedarse nuevamente sin Estado.