Arbitraje chino-ruso en la ONU sobre el último misil norcoreano

La ausencia de toda sanción de la ONU en lo resuelto por el Consejo de Seguridad, luego del último disparo norcoreano de un misil de alcance mayor, intercontinental, que cruzó el espacio nipón y cayó sobre sus aguas, ha sido un desenlace del todo imprevisto, puesto que la reiteración de estos disparos por el régimen comunista del lado norte del Paralelo 38, históricamente protegido tanto por Pekín como por Moscú, durante este verano, elevó críticamente la tensión en el Pacífico noroccidental, primero con Estados Unidos por las amenazas de Pyongyang sobre las bases estadounidenses en Guam, y luego con Japón, por la dicha violación de su espacio marítimo y aéreo.

Al concurrir con estas circunstancias la apertura de un escenario enfocado a la exploración de la posibilidad de un regreso a la mesa de negociaciones con Corea del Norte por parte de Estados Unidos, Rusia, China, Japón, y Corea del Sur, bajo los auspicios de la ONU, es probable que, en el Consejo de Seguridad se trocara la expectativa de la sanción esperada a la dictadura norcoreana por el regreso del régimen de  Pyongyang a la mesa de negociación. Fórmula soportada por el hecho de que China – principal soporte de Norcorea – ya la había sancionado, al cortar compras de carbón. Algo cuya importancia resulta de dos cosas: los ingresos que esas exportaciones suponen para los norcoreanos  y la  estructural dependencia energética que sufre el gigante chino.