Infecciones en las manifestaciones

Ha sido como la crónica de varias infecciones anunciadas; sí, clamorosamente anunciadas, más que sólo o simplemente presentidas. El balance de la escena posterrorista por Cataluña, en su fase barcelonesa y en la de Cambrils – que se añade a los nuevos formatos de agresión urbana por espacios europeos de sucesivos ámbitos nacionales, compone un recuento de factores muy diferenciado de los advertidos en sus precedentes de la Unión Europea.

Dentro de los diferentes formatos de respuesta social y colectiva a las agresiones terroristas del yihadismo, destacan en el caso español varios componentes. El primero entre todos, el factor separatista por vía de legitimación dinámica, en cuya virtud sobresale, sobre todos los demás, el secesionista.

Desde ello, el desparatismo ha podido obtener réditos añadidos: unos, de tipo genérico y directo; otros, de expresión institucional, como todo  cuanto pueda referirse a la Corona, de manera directa o de forma no directa como las relaciones de nuestros Reyes con la Monarquía de Arabia, a la que la extrema izquierda y el “podemismo” atacan de toda forma y manera.

Este último factor de disensión populista opera como multiplicador de las concurrencias frente al orden de valores que se conciertan en el sentido histórico de la Corona. Planteadas de tal suerte las cosas, el balance del megasuceso en que resultó la manifestación antiterrorista de Barcelona, hay que reconocer el enorme botín obtenido por los menos deseables.