Iniciada distensión en las relaciones irano-saudíes

Posiblemente se trate de la novedad más notable en mucho tiempo dentro del Asia Menor. La información del Gobierno iraní sobre el desbloqueo burocrático para que los iraníes puedan acudir en peregrinación a La Meca. Con lo que se levanta la prohibición que se estableció tras la ejecución en Arabia de un clérigo chií por objetar la  legitimidad de la Familia Al Saud como custodia de los Santos Lugares del Islam, en tanto que titular del Trono de Arabia. Supone ello el desbloqueo de una crisis que ha operado como el eje de una serie de enfrentamientos gravemente perjudiciales para una y otra gran potencia de la región del Golfo del Petróleo.

La referida ejecución del clérigo chií generó el asalto de la Embajada saudí en Teherán y el correspondiente consulado en Mashhad. La cosa llegó a límites extremos, alimentados por la tensión global generada por la crisis que desató la revelación de que la República Islámica llevaba a cabo un plan de desarrollo nuclear mediante un proceso masivo de enriquecimiento de uranio. La negociación de las  grandes potencias más Alemania con el Gobierno presidido por el actual prohombre de la República Islámica, alcanzó un acuerdo para que Irán deshiciera lo que había hecho y para que a Irán le fueran levantadas las sanciones internacionales que le habían sido impuestas.

Y en esas estaba el mundo cuando Trump llega a la Casa Blanca y  remeda con Irán y otras cuestiones, lo del caballo en la cacharrería. Sobreviene lo de Qatar y Rohani insiste en la moderación y el buen sentido. Con un mucho de suerte, cabe pensar, podría consolidarse la muy conveniente distensión entre persas saudíes.