Comando diplomático bloquea la culminación del golpe de Maduro

Los embajadores de los Gobiernos componentes de Unasur (del que ha sido expulsada  Venezuela), más otros europeos – entre los que se encuentra el de España – evitaron que la Guardia Nacional Bolivariana desalojara una sesión de protesta de la Asamblea elegida en los últimos comicios parlamentarios, en diciembre de 2015. O sea, el único espacio institucional dónde se encuentra una veta cierta de legitimidad política. De condición y naturaleza democráticas.

La tosquedad mental del presidente Maduro, del todo coherente con la de los que integran la facción más totalitaria del residual chavismo, parte de la idea de promediar el rumbo residual de lo que fue el régimen en vida de Hugo Chávez con la “aportación” del presidente en ejercicio, cuyas referencias biográficas se resumen en tres pasos o zancadas: el volante de un autobús, la escuela soviética de La Habana castrista y su nominación como candidato a la conducción, por vía electoral/sucesoria, de la Revolución Bolivariana.

No estaba en el Guión que Maduro alcanzara rangos de incompetencia como los probados hasta el catastrófico presente en todos los órdenes y registros de materias. No hay en los anales de la gestión política rangos de tanta torpeza. El último empeño de este presidente ha sido el de promediar las competencias entre la Asamblea legítima salida de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, y las resultantes de la Asamblea Constituyente, hecha de cartones y trampas para que el conductor de autobuses que fue siguiera al volante de los cursantes tristes destinos de la patria venezolana.