A la diplomacia de Trump le patina el embrague

Son más que sólo brumas los problemas que afectan a la visión global de la política exterior que cursa en la actual Presidencia norteamericana. Además del inquietante desajuste en la percepción del formato racial de la sociedad estadounidense, advertida en el episodio de Charlottesville, en torno al cual pesó la ausencia de la intervención de Trump, se viene a consolidar, además, el disenso con la Unión Europea a propósito del programa nuclear iraní, respecto del cual Estados Unidos suscribió, en julio de 2015, con seis grandes potencias, un acuerdo que ahora no satisface al magnate, planteando nuevas y añadidas sanciones a Teherán. Todo, además, a despecho de que la AIEA (Agencia Internacional de Energía Atómica) haya certificado en siete informes sucesivos que la República Islámica está cumpliendo estrictamente lo entonces acordado.

El Parlamento de Teherán ha aprobado contramedidas por las sobrevenidas sanciones norteamericanas, como la dotación  de 500 millones de dólares para un programa nuevo de defensa misilíistica. Pero no es sólo eso. Ocurre además que en esta nueva tesitura de gasto iraní, Norcorea, a la que China ha dejado de comprar, además de carbón otras materias, que representaban su principal fuente de divisas. De tal modo, todo lo ganado por la presión de Washington cerca de China por daño para  dictadura norcoreana, se vendría a esfumar ahora con las ganancias norcoreanas con la reanudación de los suministros de misiles balísticos a la República Islámica de Irán.

Un castizo al que le explicaran torpezas como estas de Donald Trump, probablemente observara que al motor del “Imperio”, que diría Maduro, le patina el embrague.