Maduro quiso imponer trampa constituyente

El heredero de Hugo Chávez gastó bien los dineros en populismo rojo traídos a Europa, principalmente a España y Grecia. La cuestión no era gastarse las divisas del petróleo de la cuenca del Orinoco en tráficos políticos convencionales y otras marrullerías, sino la de obtener cambios cualitativos que determinaran resultantes cuantitativas determinantes de desenlaces irreversibles. Propios de un modelo diferente desde su misma base. Ajena a élites y partidos, propios de culturas urbanas “trasnochadas”; remedo de castas y arcaísmos ajenos al progreso social…

Criterios de elección por territorios y sectores con los que llegar a definir los 545 representantes con los que habrían de integrar la Asamblea Constituyente, que, a lo que se sospecha, es una forma como otra de llamar, sin reconocerlo, sin decirlo lisa y llanamente, lo que no  es más que una revolución roja. Un sistema opuesto al de la democracia representativa, vigente en Europa y el mundo iberoamericano, con la sabida excepción cubana. En la que se formó Maduro y se acabó adoctrinando el extinto Hugo Chávez.

Pero sea en la forma que sea con la que se quiera cerrar la fantasmada electoral de este domingo, el escándalo sovietizante de la tragedia política venezolana, lo único que queda claro es que a estas horas han seguido las muertes de disidentes, porque no ha cedido la resistencia a la trampa constituyente que Maduro ha querido imponer.