Polonia corta su deriva autoritaria

La sintonía autoritaria Varsovia/Budapest ha saltado por los aires cuando Andrej Duda, presidente de Polonia, anuncia su veto a la reforma judicial elaborada por el Gobierno de Beata Saydio. Una fórmula que transfería al Poder Ejecutivo la supremacía en los tres poderes del Estado. Ese veto liquida el artificio constitucional del ex Primer ministro Jaroslaw Kaczynski, que estaba en la onda autoritaria que sintonizaba con la de Victor Orban, en sistémica reticencia con la independencia judicial y el fuero de la autoridad monetaria del Banco Central.

Conservadurismo y anticomunismo, nacionalismo y euroescepticismo, envuelto en la insolidaridad con la migración generada por la guerra de Siria, compone el código de contravalores articulantes de la disonancia extrema cursante contra el democrático humanismo europeo. Algo que guarda un parentesco cierto con las burbujas de disidencia, dentro de la Europa de entreguerras, en las incoherencias del Imperio Austrohúngaro.

Consideradas las cosas desde este orden de percepciones, la decisión de presidente polaco aporta calidades ciertas de europeísta depuración. Sobre todo cuando aporta evidencias del conveniente saneamiento de contactos como los del húngaro Orbán, nada convenientes para la propia Seguridad de la Unión Europea.

La traza de los intereses europeos son menos sólo disonantes con los de la Federación Rusa que contradictorios con ella. El mismo Putin lo ha reiterado en más de una ocasión; especialmente cuando ha llegado a decir que la desaparición de la Unión Soviética fue “una catástrofe geopolítica”. Para más claridad, agua. Tanto da que del Neva o que del Lozoya.