Semana para el desenlace político en Venezuela

Desemboca la crisis política venezolana en esta semana que hoy comienza en la certeza de un choque de fuerzas parangonable con lo propio de una colisión frontal entre dos trenes que circulan por la misma vía en dirección opuesta. Es el poder a secas aquello que se disputa, luego de que las reglas de juego fueran violadas por quienes detentan el mando del país, al no aceptar el hecho de su derrota en las últimas elecciones parlamentarias.

La escala crítica de aquel suceso de diciembre de 2015 determinaba la exigencia de que Nicolás Maduro se sometiera al arbitrio de una consulta revocatoria de sus poderes. No se hizo. En su lugar, se abrió una ronda de inacabables negociaciones entre el chavismo madurista y el conjunto de las fuerzas electoralmente vencedoras, agrupadas bajo el nombre de Mesa de Unidad Democrática (MUD).

El proceso negociador, resuelto en camino a ninguna parte, trajo consigo por las calles del país, especialmente por las de Caracas, procesos de violencia en los que las muestras de malestar, aventadas por la falta de alimentos y productos farmacéuticos, se vieron reprimidas por lo sicarios motorizados del chavismo, reiteradamente utilizados contra quienes se manifestaban. Y, mientras tanto, proseguía la ficción del proceso negociador, adornado con la participación de mediadores políticos de conveniencia del Gobierno, civiles o eclesiásticos, rogados éstos por Maduro en una sonada visita al Vaticano.

Dentro de ese cuadro fueron pasando los meses hasta que algún asesor o consejero, de allende o de aquende, le sugirió la idea de la “asamblea constituyente”. Una iniciativa deslumbradora. Muerto el perro se acabó la rabia. Como quiera que la Constitución vigente obliga a Maduro a entregar el poder, es cuestión de justicia salvar al perro. Tal es la causa y razón por la que la mayoría de los venezolanos se movilizan del todo en esta semana crítica: para su patria y para Hispanoamérica toda. O sea, para nuestra “Nación de naciones”.