Con Qatar, Trump remeda al caballo en la cacharrería

Tamim

Sólo unas horas en el Golfo Pérsico bastaron al presidente Trump para liar la parda con el terrorismo islámico. No se lo podría creer el Emir Tamin Ben Hamad al Zani, el soberano catarí, a propósito de las ondas de Al Jazeera. Cadena informativa que pude conocer tras de su inauguración en1979, reciente aun la caída del Sha en el vecino Irán y antes aún de la súbita sucesión en el mando  del Estado qatarí.

Por aquel entonces los principios germinales del más radical integrismo islámico no habían cristalizado en crispaciones como la que con el tiempo llegarían a ser Al Qaeda, después de la Guerra de Afganistán (y posteriormente el Daesh, luego de las dos campañas norteamericanas de Iraq) tras de la guerra de Sadam Hussein con el Irán de los Ayatolás.

Añadidos a tales antecedentes los factores aportados por el conflicto bélico de naturaleza mixta político-religiosa, como lo han sido en todas las de esa región -incluido especialmente el sexenio sangriento de Siria- cabe avizorar la espesa complejidad de las dinámicas de los yihadismos que no sólo cunden en el Oriente Próximo y en el Medio de ahora mismo, sino que alimentan el terrorismo que presiona contra la seguridad de la retaguardia urbana de Europa.

A la vista de estas complejas resultantes de violencia terrorista no es de recibo entender, como ha hecho el actual presidente estadounidense, que el factor determinante en lo primordial de la presión yihadista sobre el blando vientre de Europa, son las fantasías de la radio-televisión catarí. Eso es algo que no se tiene en pie. Sobre todo cuando se advierte que al tiempo que se carga contra el patrimonio energético catarí, el viaje se aprovecha para hacerlo contra la República Islámica de Irán. Algo que al presidente Trump le viene al pelo porque su antecesor en la Casa

Blanca firmó junto con los componentes clave del Consejo de Seguridad, más Alemania, la paz internacional con Irán.

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