La fiscal de Venezuela acusa a Maduro de terrorismo de Estado

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Las cinco vidas segadas por la represión de Nicolás Maduro en la última cuenta diaria del régimen, mientras, simultáneamente, la Administración norteamericana se dirige al Gobierno español para que requiera de la Unión Europea una presión suficiente de la OEA sobre el régimen gobernante (?) desde Caracas al objeto de  que se ajuste al régimen de derecho, por el que se rige la Organización panamericana desde l948, año en que se estableció. O sea, desde la misma fecha en que se abrió la Guerra Fría entre el Occidente europeo y estadounidense frente al orbe controlado o variablemente influido por el orbe comunista, a lo ancho del llamado Tercer Mundo, en Iberoamérica, África y Asia.

Por esa Iberoamérica, grave y recurrentemente trabada con las tumoraciones del sovietismo. Ahora Nicolás Maduro: otrora regresado de los Talleres Revolucionarios de La Habana. Acompañado por la revolución nicaragüense y por la boliviana de Evo Morales, precedida en la historia de la inestabilidad hemisférica por el incendio sovietizante de Salvador Allende. Preparado a conciencia por el Compañero Fidel Castro, durante la temporada por las minas y los campos  de Chile en que se convirtió la que había de ser corta visita a la patria del poeta Neruda.

La recurrencia de las brotaciones totalitarias en la América Hispánica, explicada muchas veces con el recurso a la dialéctica del principio de acción y reacción, de suerte que lo mismo que toda radicalización en un sentido genera otra en sentido opuesto. Pero, obviamente, tal planteamiento peca en exceso de simplismo. Tanto en Los casos de Venezuela como en el de Cuba las respectivas revoluciones han estado precedidas de brillantes evoluciones políticas, económicas y sociales. Uno y otro socialismo, de concepción soviética, han sido concebidos conforme la fábula del Castillo de Irás y no Volverás.

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