Disparada tensión sobre Oriente Medio

Donald Trump avisa en términos y tono disuasorios frente a la eventualidad de otro episodio de armas químicas en la guerra de Siria. El mensaje es plural por razón de destino (Damasco y Moscú), pero singular en cuanto a materia. En lo primero, tan dirigido va a Bashar al Asad como a Vladimir

Putin, sobre lo segundo, los advertidos indicios de que se puede estar preparando otro recurso a las armas químicas, el recordatorio de la represalia habida en la anterior ocasión, con misiles de las Flotas norteamericanas del Índico y el Mediterráneo, dónde los rusos comparten posiciones, con la de Rusia, soñada por Moscú desde los tiempos de Pedro el Grande.

Obviamente, no es de ahora ese foco de tensión geopolítica de americanos y rusos en ese espacio euro-asiático. Si lo es, en cambio, la diversidad de proyecciones y localización que hoy presenta. Y con la diversidad y el grado de complejidad en que todo se desarrolla. La dinámica estadounidense arropa el bloque suní capitaneado por el Reino de Arabia, con sus proyecciones en el conflicto de Siria. Y frente a ello, la instalación rusa en apoyo del régimen alauí de Damasco, que orbita en la elíptica de la República Islámica de Irán.

En términos prácticos, cabe señalar que ese desarrollo en complejidad de la trabazón de las alianzas respectivas de uno y otro bloque, aporta más sombras que luces a los riesgos propios de la eventualidad de ese nuevo recurso sirio a las armas químicas, tan justamente vetadas por la comunidad internacional.

¡Quién iba decir que aquella Primavera Árabe de democracias norteafricanas iba a tener el sangriento epílogo de la guerra intestina de Siria, precedida de la contienda líbica y los golpes egipcios y de la contienda yemení entre suníes y chiies!