El N.Y.T., en camisa de once varas

 

En defecto de instituciones de Derecho Público como interlocutores internacionales, el “Servicio Exterior” de la Generalidad de Cataluña se ha valido del concurso del New York Times como eco y transportín, poco menos que global, para la difusión de sus pretensiones y delirios soberanistas, tan literalmente al margen y en colisión con la letra y el espíritu de nuestra Constitución de 1978. Arquitectura jurídica y soporte vivo de la democracia española.

Pero el menester profesional del periodismo, incluso en supuestos de tanto prestigio como el de la cabecera estadounidense que nos ocupa, debe atenerse, por respeto a sus lectores, al que demandan los perfiles institucionales de las materias entre las que discurren los argumentos. Señalaba el maestro Ortega para determinadas cuestiones que “O se hace precisión o se hace literatura. O se calla uno”.

Mucho de literatura y poco de precisión contiene ese párrafo del artículo de marras en que se afirma que “un Gobierno central mejor capacitado podría abordar el fervor independentista dando a la región un mejor retorno económico… Esa reflexión, flota en la genética argumental del “España nos roba” oída en anteriores tramos de la copla soberanista en Cataluña.

De otro punto, ¿qué es eso “de negociar de buena fe con los líderes catalanes para encontrar una solución política, en lugar de confiar en la interpretación restrictiva de la Constitución por parte del Poder Judicial para castigar los esfuerzos catalanes por una mayor autonomía”?

Otra de las perlas argumentales de los colegas neoyorquinos es eso de la “interpretación restrictiva” de la Constitución. ¿Qué otras interpretaciones hay de un texto jurídico normativo? Quizá las de los hermeneutas de conveniencia.