Una cumbre sobre el cambio en Europa

Tras del prólogo sustanciado el pasado lunes con el debate cara a cara entre David Davis, ministro británico para la salida de Unión Europea, y Michel Barnier, negociador jefe de la Comunidad, comenzaba la Cumbre con un “introito” informativo de Theresa May, la Premier británica, sobre las realidades aportadas por las últimas urnas británicas, conformadoras de la propia realidad política del Reino Unido: base del resultado del encuentro del pasado lunes entre Barnier y Davis. El pórtico de la Cumbre está levantado sobre preguntas.

Cabe decir también que está todo, de momento, construido sobre hipótesis y cábalas, tal como ha señalado Donald Tusk al definir objetivos, tales como reforzar a Europa y proteger a los ciudadanos con medidas contra el terrorismo y desarrollo de una seguridad común, vía protección de las fronteras exteriores desde un Fondo Europeo de Defensa.

Desde ello, consideración obligada ha sido, de entrada, el dato de que en la cena de trabajo del jueves todas las cuestiones referentes al Brexit serían debatidas y abordadas sin presencia británica. En concreto, lo referente a la Agencia Europea de Medio Ambiente y cuanto concierne a la Autoridad Bancaria Europea.

En otro orden de cuestiones, el temario de la Cumbre incluye el debate del impacto que representa el aterrizaje de Donald Trump en la Casa Blanca, como fractura de constantes presentes en toda la crónica occidental de los últimos 60 años. Pero a este respecto, obligado es reparar en la condicionante incógnita que representa la hipótesis de un trance destitutorio del magnate.