El cambio climático no es cuestión académica

La tragedia que atraviesa el fraterno Portugal, con el fuego que devora por miles y miles las hectáreas de bosque consumidas por las llamas – con el crecido  balance anexo de vidas humanas perdidas y las millonarios daños causados en la población rural -, pone relieve cómo la cuestión del cambio climático de ser considerado, entre quienes lo niegan, como cuestión manida y tópica, para ser considerada materia merecedora de atención urgente, incursa a veces  en concreciones insospechadas. Especialmente cuando concurren causas de otra procedencia que la beocia general y el consabido desinterés de las mayorías por las cuestiones de la Naturaleza, resultado también de los acumulados abandonos de docencias nacionales.

Para mayor infortunio, cuando ha parecido que el ecologismo de más positiva condición se había hecho un lugar en progresivos espacios de la percepción popular del patrimonio natural, se abre camino, progresan propuestas “renovadoras” procedentes de aberrantes iniciativas como la del “trumpismo” estadounidense que rompen con las dinámicas de concienciación progresiva sobre las demandas del medio natural. La perdida de respeto a las exigencias del medio, consecuencia de políticas como la de la actual Casa Blanca, bloquea la cristalización de demandas de políticas ambientales a los Gobiernos. Así sobreviene, desde la ausencia de la demanda ecológica en la sociedad, a la utilización “revolucionaria” del patrimonio natural mediante la tea incendiaria que prende fuego contra los montes.

Por todo ello, tanto el drama trágico de los bosques incendiados, con el espanto de la decenas de vidas perdidas entre las llamas de los coches abrasados, el aun abierto infernal suceso portugués, como tantos otros de la Europa del Sur, probado hasta el hastío queda que, el cambio climático no es cuestión académica sino expediente masivo de irresponsabilidades colectivas.