Plante a Maduro de la Iglesia venezolana

La crisis global de Venezuela acaba de trasponer otro límite político nacional tras la denuncia  del Presidente de la Conferencia Episcopal de que se agotó el dialogo entre la Oposición y el Gobierno, al recrudecerse la represión de las protestas y crecer sostenidamente las muertes de manifestantes al rebasar ya el número de los 60. El endurecimiento de las relaciones entre la Iglesia y el Estado ha desembocado en la denuncia de monseñor Padrón, obispo de Cunamá, que ante el proceso  golpista por vía de fraude brutal, a través de un proceso de simulación democrática “vamos hacia el comunismo”.

El prelado denuncia que Nicolás Maduro, ajeno a las insistidas protestas, propone como base constituyente un bloque de 540 representantes para redactar el texto de la nueva norma constitucional, vía espúrea que el país no necesita, puesto que la normalización política excluye Carta nueva y exige la Constitución vigente, incumplida hasta el presente desde las últimas elecciones parlamentarias, en las que las que la Oposición derrotó por goleada al régimen chavista; es decir, por más de dos tercios. Una holgura democrática bastante para instar el proceso  revocatorio del presidente Nicolás Maduro. Opción tan constitucional, inédita y arrumbada por el dictador cursante como el rastro de la memoria constitucional de Venezuela.

Refuerza el peso de la denuncia del presidente de la Conferencia  Episcopal de Venezuela la autoridad de los Gobiernos de la comunidad democrática de Occidente, a uno y otro lado del Océano Atlántico. Son demasiadas las caras de la tremebunda crisis que ahoga a Venezuela: la dictadura política consolidada, la ruina económica instalada en el espíritu,  y la ruina social detonada por las corrupciones morales del aparato dirigente.