Poco menos que colisión de poderes

Es lo normal en ocasiones tan singulares como la del encuentro entre la cabeza de la Iglesia y la cabeza del Imperio – que hubiera dicho el sucesor de Hugo Chávez – no hubiera sobrevenido , después, la reticencia, la suspicacia y la malicia sobre lo habido en la ocasión, nada sólita, del encuentro entre el símbolo de la humildad y el desapego de los bienes terrenales, conforme el Mensaje de Cristo, y la más cumplida representación del poder en el orden de los poderes materiales; como los concitados en este caso por el actual presidente de los Estados Unidos.

Posiblemente tardará lo suyo el que vuelva a darse, de forma más cabalmente plenaria, una concurrencia de paradigmas tan del todo contrapuestos como la habida en el Vaticano de Roma, entre el Papa Francisco y el presidente de Estados Unidos; elegido uno por el colegio Cardenalicio y alzado el otro sobre el pavés de las urnas populares y el humo de las  denunciadas intrigas rusas. Sobre las que disputan las Agencias y Servicios secretos de la Administración estadounidense.

No acaba ahí, sin embargo, la dinámica de la dualidad y la  contraposición de los desafíos entre poderes de tan distinta y opuesta naturaleza como los de la Iglesia y el Imperio. Con muy distintos rangos de conflictividad pulsan otros debates y pugnas. Así, sostenidamente, en el orden político, Venezuela se abisma más y más en la colisión entre lo democrático y lo totalitario. Entre un régimen que perdió las elecciones y no cedió el poder, y unas mayorías nacionales que no ceden en su empeño de recuperar lo suyo, oponiéndose a que el régimen se perpetúe cambiando las reglas de juego mediante una nueva Constitución, y esperando volver a engañar a la Iglesia.