Avance del terror islamista en Europa

Más allá de la obviedad de que la seguridad absoluta es imposible porque su coste sería infinito, la masacre terrorista de anoche con su balance provisional de 22 muertes y 59 heridos, supone un avance tipológico dentro del rango de los daños en que suelen situarse tales ataques dentro del mundo europeo. En este marco del ámbito occidental, en el que la presión terrorista es sustancialmente menor, no suelen producirse tal tipo de matanzas, tales mortandades, por ser más baja la densidad objetiva de riesgo y sensiblemente más alta la cobertura policial.

Sin embargo no debe despreciarse la posibilidad de que el atentado de Manchester haya contenido algún componente de reactividad frente al hecho de que en la visita a Riad del presidente Donald Trump se suscitara por éste la conveniencia de crear una “OTAN Antiterrorista”, capaz de obtener resultados parangonables a los logrados, en sus tiempos, desde la Alianza Atlántica frente a la Unión Soviética. Cabe, desde tal hipótesis, entender que el atentado de Manchester pudiera haber tenido relación -en términos de respuesta- a lo considerado en Riad sobre la idea de una alianza internacional específicamente concebida para combatir el yihadismo.

Podría abundar en lo dicho la versión, difundida por las agencias, de que el EI (Estado Islámico) se había atribuido la autoría de esta última masacre terrorista, descartándose, por consecuencia, la convenida hipótesis de que el crimen fuera obra de uno de los llamados “lobos solitarios”; es decir, de quienes operan autónomamente, desde su fanatismo, sin depender de una orden puntual de la jerarquía terrorista.

En cualquier caso, no es cuestión baladí el que ese abominable acto de terror haya sido cosa de un aberrado en solitario o de la orda islamista del EI (Estado Islámico).