Cisma islámico, Trump y paz en Oriente Medio

La propuesta de Donald Trump sobre la eventual creación de una OTAN árabe como alternativa estratégica para luchar contra el terrorismo islamista, al margen de las ocurrencias en que se resuelven los trabajos de sus asesores, no parece asistida de luces de realismo y congruencia con la realidad de las cosas. Especialmente si se considera que el quid de la cuestión tiene como soporte causal, los manejos de la República Islámica de Irán manejando en términos sectarios las diferencias del chiísmo con el sunismo. O, dicho de otra manera, entre el régimen iraní que apoya a los primeros frente a los segundos. A los Chiítas contra los Sunitas.

Las cosas no son así. Tampoco, que los chiíes se puedan identificar como la tropa religiosa que ejecute el terrorismo islamista. Puestos a imputar la correlación entre terrorismo islamista y una determinada facción de éste, habría de entroncarlo con la variante suní. Como es el caso de Al Qaeda.

Diríase que las chispas y la estructura de esa tensión y tales conflictos son otros, y se manifiestan de modos y maneras convencionales. El Reino de Arabia y sus aliados regionales tienen una configuración religiosa y política determinada. Enfrente, la República Islámica de Irán y los suyos traen, históricamente, voluntad de permanencia tan diferenciada, en términos de poder y en formato de identidad religiosas, confundiéndose, en ambos casos, lo uno con lo otro.

Y al fondo de todo, actúa el ingrediente geopolítico. Con la apuesta rusa por Irán, y la norteamericana y anglosajona por Arabia Saudí. La hemorragia histórica de la guerra civil en Siria lo ejemplifica hasta la náusea. La Rusia proiraní apuesta por  Al Asad porque el alauismo pertenece a la grey del chiísmo. Y Trump ofrece a Ryad la idea de una OTAN árabe que combata al terrorismo…