Trump, bajo el fantasma del impeachment

Robert Mueller, ex director del FBI durante los mandatos republicanos de Obama y Bush, ha sido nombrado por el gobierno de Washington fiscal especial para supervisar la investigación tras de la polémica originada por el despido del hasta ahora director da la Agencia, James Comey.

Sabido resulta, tras de este nombramiento, el origen causal de la grave novedad del cese de tan relevante responsable en el funcionariado de la Administración estadounidense: ejemplo de tantas virtudes democráticas en todo cuanto corresponde a las garantías de libertades y derechos. Y, por ello mismo, espejo en el que reparar gobernantes de tan polémica catadura como el sátrapa de Caracas; ignorante, entre tantas y tantas cosas, de la proximidad en la que cursa el trance de su San Martín.

Contrariamente al descrédito que envuelve la imagen de este personaje asido al volante de Venezuela como  si fuera el del autobús de sus tiempos mozos, antes de licenciarse en los Talleres Revolucionarios de La Habana, es el crédito de que goza el funcionamiento del Derecho y el respeto de las instituciones “injerencistas” que dice el heredero del difunto Hugo Chávez, al referirse a la observación estadounidense sobre el caos dictatorial en que se encuentra sumida Venezuela.

Se acaba de conocer la clave de la caída de James Comen como director del FBI. No fue otra que la de su negativa a ignorar los rastros de los contactos habidos entre Donald Trump y funcionarios rusos en vísperas de la campaña electoral y que archivara los correspondientes dosieres sobre el cesado Michael Flynn como Consejero de Seguridad Nacional.

Ahora Rod Rosestein, Vicefiscal General, tras de anunciar  que el ex director del FBI Robert Mueller es designado Fiscal Especial para supervisar las investigaciones practicadas sobre la supuesta injerencia rusa en la política interna de los Estados Unidos. Justo la materia que Trump no consiguió que ocultara el destituido responsable de la investigación Federal.

En consecuencia, este tirar de la manta en que ahora se está, desvela la alargada  y probable silueta de un impeachment en forma de ciprés.