Trump se asoma a la Cumbre Asiática de Noviembre

La Cumbre de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) que en el mes de Noviembre reunirá en Manila a los Presidentes de Estados Unidos, China, Corea del Sur y
Filipinas, y a los Primeros Ministros de Australia, India y Japón, es evento que da sentido internacional que habrá de dar sentido al extraño suceso diplomático en que ha consistido la llamada de Donald Trump al atrabiliario señor Duterte, que ostenta la Jefatura del Estado filipino y, desde ello, la base fáctica para ostentar la muy anómala proeza de haber eliminado en sólo unos meses a 7.000 individuos supuestamente envueltos en el tráfico de estupefacientes. Una llamada cuyo soporte formal no ha sido otro que el de invitar a tan singular primate de la fauna política mundial a que visite Estados Unidos de América del Norte.

El cualificado rango de ciertos intereses geopolíticos explica por sí sólo giros tan nada sólitos como el propio de este movimiento político y diplomático del actual titular de la Casa Blanca. Algo que de otro punto no es ciertamente nada novedoso o sorprendente. Aunque, en todo caso, lo que en cierto modo explica el fortísimo componente de rareza en el comportamiento de uno y otro gobernante, es que el patrón cultural de estos dos interlocutores es enteramente ajeno a cuanto pudo suponer la huella hispánica en el Sudeste asiático, muy específicamente en Filipinas.

El trauma del 98 es un eco de fondo del que no se debe prescindir a la hora de rastrear los patrones de conducta de los agentes históricos; de modo especial, cuando en un compás de cambio histórico como el presente, se abre en la ya próxima Cumbre de la ASEAN, el debate del nuevo equilibrio de fuerzas en la cuenca del Pacífico. Donde figuran, en torno a la patata caliente norcoreana, la irrupción de China como potencia naval y la de Donald Trump como potencia más próxima a la Naturaleza que a las formas de la Historia.