Antes de que le echen, Maduro se va de la OEA

Mientras la esgrima chino-americana de portaaviones en el Océano Pacífico, alumbra la realidad sobrevenida de que esa cuenca del futuro – que en pasadas centurias se la llamó el “Lago Español”; y en el Mar de Japón, se establece una estrategia de disuasión entre Estados Unidos y Corea del Norte, con el lanzamiento de misiles por los norcoreanos y el despliegue del correspondiente escudo, en la zona, por Estados Unidos, para cubrir a los surcoreanos surcoreanos – y para protesta de China, por la perturbación que causa en su espacio electrónico -; cuando la gran actualidad internacional, hace los surcos mayores del cambio histórico, la peripecia menor de la golfería que atenaza Venezuela, con el expolio de la riqueza nacional y la complicidad de la casta “revolucionaria” con el narcotráfico engendrado con la guerrilla colombiana: nacida el mismo año en que surgió la OEA (Organización de Estados Americanos), de la que Nicolás Maduro quiere sacar a Venezuela porque la OEA le exige que respete la Constitución democrática, los fueros todos de sus libertades y derechos.

Pero hay más, mucho más. A la causa formal de los apremios de la OEA por el asalto del que fue régimen chavista al derecho y la razón, se viene a sumar el crecimiento exponencial de la violencia del sistema contra las fuerzas de la Oposición, a las que reprimen la calle cuando reclaman que se repongan las urnas y vuelvan las libertades que se habían ganado y se anularon en golpe de Estado. También, que vuelvan los cauces para bienes y servicios. Que la seguridad pública se restaure y sean devueltos a la calle cuantos ciudadanos padecen prisión sin otra causa que su legítima discrepancia con el sistema chavista.

Si Maduro saca a Venezuela de la OEA todos esos problemas se agravarán todavía más. La charca leninista todavía crecerá. Aunque parezca imposible.