La OEA pedirá cuentas a Maduro por su política dictatorial

En términos hemisféricos, dentro del mundo iberoamericano, se acaba de abrir un horizonte de cambio sobre el grave asunto del rodar de Venezuela por la pendiente de la dictaduras políticas, ligadas especialmente en este caso del chavismo de Nicolás Maduro, al demencial expolio de los recursos naturales del país y a la más enciclopédica ignorancia gestora imaginable.

Hasta 14 países de cuantos componen la OEA (Organización de Estados Americanos) exigen al régimen de Caracas la liberación de los presos políticos, la fijación de un calendario electoral y el reconocimiento de las decisiones tomadas por la Asamblea Nacional. Hay razones más que sobradas para que la mayoría inmensa de los componentes de esta organización regional, fundada en el arranque de la Guerra Fría – denuncie, con la excepción de los sintónicos con lo que fue el sovietismo (principalmente Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador), la brutal arbitrariedad totalitaria en la que está encallado el presente venezolano.

Más allá de la brutalidad que atropella los fueros políticos de los venezolanos, se sitúa el saqueo económico a que se encuentran sometidas las arcas nacionales. Especialmente, la malversación, detectada por la Asamblea Nacional, de 87.000 millones de dólares, saqueados en los sectores de la Energía, la Alimentación y las Obras Públicas. Ante un cuadro de estas proporciones, ante una rebatiña de esta magnitud, tiene su entero sentido que en el seno de la OEA, Luis Videgay, ministro de Asuntos Exteriores de México, haya dicho que “ha llegado el momento de actuar”. Al igual, que Luis Almagro, el Secretario General de la organización interamericana, haya pedido que esta Venezuela del madurismo salga de la organización interamericana. Sólo faltaba a los destinos de la OEA la pesadilla estadounidense de Donald Trump residiendo en la mismísima Casa Blanca.