Eje ruso-chino en el Consejo de Seguridad de la ONU

A la par que la actualidad internacional del día sigue en la estela de las actuaciones de Donald Trump - puntualmente en torno a su discurso ante las Cámaras del Capitolio -, la marcha politico-diplomática del mundo se abre en desarrollos de las cuestiones que cundían en el planeta antes de que la campaña electoral estadounidense para las urnas presidenciales, con sus resultados, generasen sus efectos de succión sobre la actualidad internacional trasegada por los medios informativos.

Y así, a la pirotecnia apabullante  del trumpismo, modulada y moderada por el contexto institucional del Capitolio, se le ha adosado el efecto lamprea en la concreta peripecia de la aun insepulta de la guerra de Siria. Con su legado de responsabilidades por tanta atrocidad contra los derechos humanos cometida a lo largo de los cinco años de campaña.

El adosamiento de uno y otro proceso de realidad, el contraste entre los artificios ideológicos y casi teológicos en que bulle el cambio presidencial estadounidense, de una parte, y el peso cruel de las responsabilidades contraídas en la tragedia geopolítica de Siria, genera de otra, el efecto óptico de dos escenarios de realidades paralelas y simultáneas, aparentemente independientes.

Aunque no lo son. Ahí queda, en paralelo a la superioridad militar incuestionable pretendida por Donald Trump, la responsabilidad moral contraída por Rusia por el empleo y suministro a la Siria de Al Asad de armas químicas en la guerra de Siria. Y junto a lo mismo, las responsabilidades políticas contraídas por ello, en términos que han de dilucidarse en el Consejo de Seguridad de la ONU, luego de que Francia y el Reino Unido, seguidas después por USA, pusieran el asunto sobre la mesa.

Sobre el tablero internacional han cristalizado las posiciones. Rusia y China han montado un eje de resistencia con sus respectivas capacidades de veto; Egipto y Etiopía, se abstienen. Y Japón, Italia, Senegal, Suecia, Ucrania y Uruguay, miembros también del Consejo de Seguridad de la ONU como los demás de este conjunto de Estados, apoyan también la iniciativa condenatoria.

El telón de la diplomacia real y a plazo inmediato se ha levantado. Vamos a ver qué hace el equipo de Donald Trump, en el que para la diplomacia juega un íntimo de Vladimir Putin.