Debate sobre derechos humanos en Turquía

La depuración que no cesa en el funcionariado de Turquía desde la liquidación del Golpe de Estado del 15 de Julio de 2016, aporta un balance tan espectacular que ha provocado la alarma internacional generada por todo una alud de denuncias ante el Consejo de Europa. La cifra de 6.500 denuncias, con un incremento que rebasa el 200 por ciento anual, desde el momento mismo en que se vino abajo la intentona golpista, resulta de la cifra de las depuraciones practicadas entre los cuadros militares y civiles de la Administración del Estado. Además de los 130 medios informativos cancelados.

La complejidad de la represión practicada por el régimen de Recip Erdogan, resulta de la que es propia de las raíces del proceso de cambio aflorado con el fallido golpe de Estado. La diversidad y profundidad de las dinámicas ideológicas que colisionaron, siete meses atrás en ese oriente de Europa, excluyen de raíz de que lo habido hasta el golpe militar era, efectivamente, lo que el Gobierno de Ankara sostiene en lo últimos 12 meses: que la causa de todo el lío procede de la defección política de Fetulá Gülen, el intelectual aliado ideológico de Erdogán residente en Estados Unidos. Un personaje de potente calado político y rango cultural, muy por encima del hombre fuerte de la Turquía reislamizada.

La purga de militares, la depuración política de funcionarios civiles, especialmente de maestros de Enseñanza primaria, junto con el cierre de cabeceras periodísticas y el encarcelamiento de profesionales del periodismo (que ha llevado en el mundo profesional a definir a Turquía como la “Mayor Cárcel de Periodistas”), da pie a pensar que en el turno telefónico con el presidente Trump, tras del saludo con el presidente Rajoy, Recip Erdogan insistiera ante el Gobierno estadounidense en que acepte su demanda de extradición de Fetulá Gülen.