En la rueda telefónica de Trump

A la anunciada hora de este martes de febrero, Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, iniciaba desde la Casa Blanca su protocolaria conversación telefónica con Mariano Rajoy, presidente del Gobierno español.

Era el primer contacto político entre los responsables supremos de dos países integrados en la Alianza Atlántica, luego de haberlo estado previamente en el Pacto Bilateral, suscrito en su día entre el Presidente Eisenhower y el Generalísimo Franco. A este contacto de ayer sucedería la llamada del mandatario norteamericano a Recip Erdogan, presidente de Turquía, Estado miembro también de la Alianza Atlántica y aspirante a una vinculación estructural con la Unión Europea.

El orden horario de las llamadas traduce el de la vinculación política de la primera potencia mundial con uno y otro aliado. España, como interlocutor de doble vínculo -con Madrid y con la Unión Europea -, y Turquía como socio militar en el marco de la OTAN.

En cualquiera de los casos, este turno de llamadas desde la Casa Blanca supone un cambio en el flujo informativo generado por el comienzo del cambio presidencial estadounidense. Un cambio que se inserta en la dinámica
y en .la estructura de las relaciones internacionales norteamericanas.

Pero, con todo, hay una diferencia cualitativa en el fondo de los dos contactos telefónicos del presidente Trump con Madrid y Ankara. Con Ankara, abierto está el puntual debate sobre el asilo político estadounidense al supuesto responsable ideológico del pasado y fallido golpe de Estado en Turquía.

Con Madrid no concurre ninguna cuestión que vaya más allá de las alusiones genéricas a la OTAN y a la Unión Europea, sin referencia específica a ningún tema particular. Como no sea alguna concerniente a las específicas gravitaciones que el mundo iberoamericano presenta para la política exterior española; especialmente, en lo que pudieran representar las cuestiones de México y Cuba, en las que España siempre tendría algo que hacer y decir.