A Irán llega el turno de Trump

El revisionismo de la nueva Casa Blanca incorpora a Irán de manera progresiva en la nómina de sus animadversiones en mundo exterior. El pretexto ha sido el lanzamiento de un misil que, en su opinión, vulnera los compromisos asumidos por Teherán en las negociaciones internacionales, en el marco de la ONU, para que le fueran levantadas las sanciones impuestas al saberse que estaba que se estaba en la ruta de su propio armamento nuclear.

Las condiciones internacionales que propiciaron la dureza de aquella sanción vinieron propiciadas por las baladronadas del presidente Ahmadineyad, con sus amenazas reiteradas y explícitas de que los avances balísticos de la República Islámica permitirían, en el momento oportuno, la destrucción de Israel.

El reciente lanzamiento de uno de estos artefactos habrá removido en la memoria de Trump el recuerdo de aquello, llevándole a a meter en el mismo saco, la cualidad de esta cohetería de tipo,
más modesto y limitado, con la incluida en el acuerdo para el levantamiento de las sanciones, suscrito por todo los miembros Permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y por Alemania.

Pero es lo más cierto que muy poco tiene que ver el recuerdo de Ahmadineyad con el presente del moderado presidente Rohani. Aunque cierto es, a la hora explicar el celo de Trump en esto de los misiles iraníes, su apuesta sin condiciones por la causa de Israel; aparte del hecho de que Irán sea polo de la tensión en el Golfo Pérsico y fuerza de apoyo de los Hutíes de Yemen con los suníes del mismo país.

Y gran cuestión aparte: el esplendor del peso israelí en la USA del Mandato presidencial de Donald Trump.