Ampliada la colonización de Cisjordania

La arabofobia de Donald Trump no sólo se ha plasmado en el famoso decreto presidencial que veta la entrada en Estados Unidos a los nacionales de siete países árabes. En el plazo de siete días, el Gobierno de Benjamín Netanyahu ha dispuesto dos autorizaciones para ampliar, respectivamente, en 3.000 y 2.500 viviendas, la base de población hebrea establecida en Cisjordania desde la guerra de Junio de 1967.

Es un proceso colonizador ahora relanzado con la actual Administración republicana; o sea, desde el 20 de enero pasado. Poco antes, con el Gobierno demócrata del presidente Obama, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, todavía votaba una Resolución que condenaba la política del Gobierno hebreo, impulsada por Lieberman, el ministro de Defensa, de intensificar la colonización mediante el asentamiento de nuevas cuotas de población judía implantada en Cisjordania.

En paralelo con este giro de la política estadounidense en el Próximo Oriente, Washington se apresuraba a suscribir la denuncia israelí del lanzamiento iraní de un misil de alcance medio, desde la hipótesis de que fuera un vector de los empleados para el uso de armas nucleares. El golpe de volante con el que arranca la Administración del creso Trump para las cuestiones del Oriente Próximo, responde al menú completo. Además, traduce la disonancia expresa con la sabida percepción de la Unión Europea sobre los problemas que tensan y agitan esa crítica región del Planeta.

Los riesgos que el Presidente del Consejo Europeo advierte para la UE en la ejecutoria ágrafa del nuevo huésped de la Moncloa, no derivan sólo de determinados hechos puntuales ni tampoco de evaluaciones promedias de determinadas actitudes concretas, sino del signo de una óptica que traduce cúmulos de muy específica desinformación y carencias profundas de cultura histórica.