Tusk, tira de la manta

El alegato del Presidente del Consejo Europeo con su proclama de que “Donald Trump es una amenaza para la Unión Europea” ha convertido en evidencia alarmante la brumosa desazón en que estaba sumido nuestro mundo europeo, a resultas de los dislates brotados de la nueva Casa Blanca. Aparentemente en pos de un nuevo orden internacional, pergeñado sobre el barrido y borrado de las claves que sostenían el tiempo histórico de los últimos 70 años.

Un barrido que arrancó con el arriado de las cautelas occidentales frente a la Rusia post-soviética de Vladimir Putin, que considera una “catástrofe geopolítica” la desaparición de la URSS, rebobina la restitución por Kruschef a la soberanía de Ucrania de la península de Crimea y se pasa por el arco de triunfo los Acuerdos de Minks, que teóricamente cerraban el conflicto bélico en el Oriente ucranio, provocado por la injerencia rusa en la nación europea de las Tierras Negras.

Es principalmente la Unión Europea la parte occidental que políticamente sostiene la presión sobre Moscú para que cumpla los dichos acuerdos suscritos en la capital de Bielorrusia, en cuya virtud la Unión Europea se resiste a que se levanten las sanciones económicas que a Rusia le fueron impuestas en su día por la dicha razón.

Por eso no pegan ni con cola los efluvios de cordialidad de Donald Trump con la Rusia de Putin, tan flagrante contradicción, por ejemplo con el recién activado despliegue de fuerzas de la OTAN en el perímetro occidental de las lindes rusas, desde el Báltico hasta el Mediterráneo

Pero no acaba ahí el sinsentido de los gestos, palabras y acciones del nuevo presidente estadounidense, de cuyo proceder, especialmente con el decreto contra la migración de musulmanes (acción troncal contra los derechos humanos) ha disparado la protesta de las multitudes en el mundo libre, comenzando en los propios Estados Unidos.

Trump ha disparado, posiblemente sin quererlo ni saberlo, un ciclo global de inseguridad política que habrá de preceder a otro de inseguridad jurídica; preñados ambos de efectos letales para la estabilidad, control y gobierno de las relaciones internacionales. Principalmente, quizá, contra la seguridad de nuestro destino europeo.

Habrá que reconocer la valerosa claridad del polaco Tusk, presidente del Consejo Europeo.