Niebla política en las maniobras atlánticas de Europa Oriental

El despliegue, bajo el mando de la OTAN, de 4.000 soldados norteamericanos a lo ancho siete Estados del Este de Europa (Polonia, Estonia, Letonia Lituania, Rumania y Bulgaria) distribuidos en siete Batallones, equipados con 2.786 vehículos y 60 aviones, es la mayor disposición unitaria de recursos militares – cuyo presupuesto se eleva a 3.400 millones de dólares – desde el comienzo de la Guerra Fría.

Sobreviene esta actuación, de relevancia incuestionable en el orden de las actuaciones militares dentro de un clima político que también carece de precedentes desde esa misma referencia cronológica referida al ciclo histórico iniciado con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Un clima traído por el acceso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Una clima, un confuso estar de las cosas, resultante de la colisión o contradicción entre lo que se dice y lo que se hace, real y efectivamente. Entre lo que es y lo que parece.

No es lo normal que en vísperas de dar el visto bueno – o incluso luego de haberlo dado a un movimiento de tanta envergadura y tamaña expresión como el de este despliegue atlantista sobre el perímetro occidental de la Federación Rusa, Trump haya puesto menos que en cuestión la vigencia efectiva de su compromiso fundante, capital, con la OTAN. Al punto de considerar la hipótesis de otros compromisos alternativos a la propia Alianza Atlántica. Entre las muchas limitaciones advertidas en el equipaje mental  y humano de de Donald Trump, sobrenada por encima todas las demás, pues las compendia todas, la falta de profesionalidad y de experiencia política de que ha hecho gala poco menos que sólo unos días antes de aceptar y sostener la formulación, por la OTAN, de este envite al putinismo por su fachada geográfica de Poniente. Que es por dónde, luego de la anexión de Crimea, más pecado había.

No es lo normal, y por tanto lo correcto, que el responsable supremo de la primera potencia del mundo se reitere en la contradicción sistémica entre lo que dice primero y afirma después en contrario; o lo contrario: que luego hace lo opuesto – o no hace nada – de lo que había anunciado que había anunciado que haría. Como es el caso del Muro divisorio con México. La inseguridad política precede, como cuestión, al problema mismo de la inseguridad jurídica.

La niebla “Trumpiana” en las relaciones internacionales  precede ya a la oscuridad político-militar sobre la seguridad colectiva en el mundo occidental. Así parece apuntarlo la niebla que envuelve  este despliegue de la OTAN sobre la fachada de Poniente de la Federación Rusa.