Trump, el desestabilizador también en Palestina

Mientras firma la orden ejecutiva para completar el muro entre EE.UU. y México, intentando así empalar a la soberanía del vecino del sur con la culminación del muro fronterizo a expensas de la otra parte, en las horas de la llegada a Washington de la delegación ministerial que acompaña al presidente Peña Nieto; luego de ordenar la retirada de la Web sobre el Cambio Climático, y de dar luz verde a la construcción de dos oleoductos que Obama había decidido que no se hicieran -porque dañarían derechos históricamente reconocidos a la población amerindia- no sólo ordena la investigación sobre el supuesto fraude electoral en las urnas del 8 de Noviembre, el nuevo presidente norteamericano, muestra idéntica falta de respeto a los palestinos en su territorio nacional que a los amerindios con el suyo.

Habría que remontarse a los años 30 del pasado siglo, en su eclosión de los populismo, para toparse con desenvolturas semejantes a estas con las que se adorna el nuevo huésped de la Casa Blanca; desenvolturas que trajeron las catástrofes bélicas sin precedentes. Así, que esta nueva Administración estadounidense haya dado el visto bueno al Gobierno judío de Benjamín Netanyahu para que se sirva cuando espacio palestino quiera en Jerusalén, es un escándalo internacional de primera magnitud, puesto que rompe con los rumbos de pacificación en que se estaba, en pos del reconocimiento de dos Estados, uno hebreo y palestino el otro.

Precedente de esta naturaleza, torpeza de este tamaño en el hipertenso escenario del Oriente Medio, complementa la percepción de los riesgos internacionales que genera la dinámica generada por un personaje como el que han traído las últimas urnas presidenciales norteamericanas. Ahora más que nunca resulta necesaria la dinámica moderadora de la Unión Europea, dentro de lo que cupiera restar de política atlántica.

Puede que en lo único en que quepa reconocerle acierto a Donald Trump, dentro de sus manifestaciones, es en lo dicho sobre la creación de nuevas alianzas. Para derrotero hacia nueva alianzas no parece que sea fácil ni sugestivo enrolarse con tan imprevisible compañero de fatigas. Siempre se dijo que es mejor caminar sólo que mal acompañado. De momento parece que el único consuelo a mano es el de esperar que el propio pueblo norteamericano genere recursos para meterle en vereda. Dispone de tradición moral, recursos institucionales e instinto histórico para ello, vía impeachment.

Mientras firma la orden ejecutiva para completar el muro entre EE.UU. y México, intentando así empalar a la soberanía del vecino del sur con la culminación del muro fronterizo a expensas de la otra parte, en las horas de la llegada a Washington de la delegación ministerial que acompaña al presidente Peña Nieto; luego de ordenar la retirada de la Web sobre el Cambio Climático, y de dar luz verde a la construcción de dos oleoductos que Obama había decidido que no se hicieran – porque dañarían derechos históricamente reconocidos a la población amerindia – no sólo ordena la investigación sobre el supuesto fraude electoral en las urnas del 8 de Noviembre, el nuevo presidente norteamericano, muestra idéntica falta de respeto a los palestinos en su territorio nacional que a los amerindios con el suyo.

Habría que remontarse a los años 30 del pasado siglo, en su eclosión de los populismo, para toparse con desenvolturas semejantes a estas con las que se adorna el nuevo huésped de la Casa Blanca; desenvolturas que trajeron las catástrofes bélicas sin precedentes. Así, que esta nueva Administración estadounidense haya dado el visto bueno al Gobierno judío de Benjamín Netanyahu para que se sirva cuando espacio palestino quiera en Jerusalén, es un escándalo internacional de primera magnitud, puesto que rompe con los rumbos de pacificación en que se estaba, en pos del reconocimiento de dos Estados, uno hebreo y palestino el otro.

Precedente de esta naturaleza, torpeza de este tamaño en el hipertenso escenario del Oriente Medio, complementa la percepción de los riesgos internacionales que genera la dinámica generada por un personaje como el que han traído las últimas urnas presidenciales norteamericanas. Ahora más que nunca resulta necesaria la dinámica moderadora de la Unión Europea, dentro de lo que cupiera restar de política atlántica.

Puede que en lo único en que quepa reconocerle acierto a Donald Trump, dentro de sus manifestaciones, es en lo dicho sobre la creación de nuevas alianzas. Para derrotero hacia nueva alianzas no parece que sea fácil ni sugestivo enrolarse con tan imprevisible compañero de fatigas. Siempre se dijo que es mejor caminar sólo que mal acompañado. De momento parece que el único consuelo a mano es el de esperar que el propio pueblo norteamericano genere recursos para meterle en vereda. Dispone de tradición moral, recursos institucionales e instinto histórico para ello, vía impeachment.