Inquietante transición desde la Casa Blanca

Yeltsin cerró el paréntesis abierto por Gorbachov y Putin ha enmendado la plana al Yeltsin que desmanteló la Unión Soviética, tras de calificar ese desmantelamiento histórico de “catástrofe geopolítica”. Las sucesiones se sabe cómo empiezan y también cómo acaban cuando el cambio fluye en régimen de continuidad. Las transiciones, en cambio, sólo muestran su cara al concluirse, porque suponen el paso de una orilla a otra.

La percepción que se tiene del tiempo que se abre dentro de ocho días, visto cuanto Donald Trump ha dicho en su conferencia de prensa, tan en la línea de todo lo anteriormente manifestado por el personaje y tan pegada a la comparecencia de despedida de Barack Obama, es que el cambio del día 20, al sobrevenir el acceso de Trump a los poderes presidenciales, no será enteramente un cambio en la continuidad sino, en la práctica, la apertura, el inicio, el comienzo de una transición. El camino a una política distinta. Sistémicamente diferente.

Es lo que lleva a la inquietud y colma la preocupación de la opinión pública internacional. Y ello no se centra sólo en las dificultades episódicas del camino, en los riesgos de la travesía desde la orilla de partida hasta el punto de llegada, sino en la cualidad del horizonte de llegada. De presentida ruptura con el ciclo de cultura de integración política y globalización económica de los últimos lustros.