Tenaza terrorista sobre Turquía

Y tras de Estambul, Esmirna. Es el terrorismo que no cesa. Como las propias hojas de una misma tijera, a las 39 muertes habidas en la primera ciudad del país, por mano del islamista del Kuirguistán, militantes del PPK. daban muerte ayer a otras dos personas al hacer estallar la carga explosiva montada en una furgoneta. Luego del primer atentado, se ha logrado identificar al autor – aunque no su captura – y localizar a los componentes de su entorno nacional, acantonados en el centro del país. Con el marchamo propio de la cirugía política de urgencia, el Gobierno turco ha vuelto a prorroga el estado de excepción.

Pero lo único que se ha conseguido, de momento, son progresos en el análisis de lo que pasa – esa conjunción de violencias, la yijadista y la nacionalista kurda -, pero sin progreso sustantivo alguno ni en la represión operativa ni en la necesaria prevención. La fatiga de los metales del Estado se advierte con claridad. Se percibe a flor de piel la disfuncionalidad sobrevenida en el aparato del Estado al cabo de las purgas practicadas en el componente militar y civil de la Administración turca. Y junto a ello, por si algo faltara, la conflictiva conjugación restrictiva de las libertades públicas; muy especialmente, las concernientes a la libertad de información.

Y no son sólo las deficiencias operativas en los menesteres del orden público y de la seguridad ciudadana, aquello que preocupa nacionalmente a los turcos. Es asimismo materia de inquietud internacional la deriva disléxica en cuestiones de defensa. SÍ por la sobrevenida sintonización turca con los criterios y prácticas de Vladimir Putin, obsesionado como está en remontar lo que él llama “catástrofe geopolítica” a la desaparición de la Unión Soviética. Una óptica, en fin, que concierne tanto a la Europa oriental – desde Ucrania en adelante – como a la seguridad de Europa, considerando lo que se cocina para el Mediterráneo Oriental por causa y explotación propia de la Guerra de Siria.