Migración: seguridad y costes de prevención antiterrorista

Más allá de que el tunecino Anís actuara de motu propio, cuando asesinó al conductor del camión para lanzarlo sobre el gentío que colmaba el mercadillo berlinés, o que lo hiciera cumpliendo una concreta orden recibida del siniestro mando del Estado Islámico, lo relevante del hecho terrorista en cuestión – con lo que Alemania queda incorporada a la nómina de miembros de la Unión Europea agredidos por el terrorismo islámico – es el montante de los diversos costes que el problema ocasiona a los alemanes.

En este caso de la agresión islamista padecida por Alemania, lo más relevante del problema es su dimensión política; es decir, la evidencia estadística de que su probabilidad aparece soportada desde la generosa política de acogida del Gobierno presidido por la Canciller Merkel, al llevar consigo ello la cualificada amplitud de la cuota de riesgo que ello suponía.

Esas urnas electorales que aparecen a corto plazo en el horizonte político alemán, prefiguran un coste político muy significativo para la coalición que preside Ángel Merkel; especialmente en el contexto europeo de alarma nacionalista frente a la brecha de inseguridad que el terrorismo yihadista ha venido a dibujar a lo ancho de Europa, nutriendo así un tiempo distinto, de inseguridad. De inseguridad y de insolidaridad, cuya expresión más precoz y nítida ha sido la del Gobierno de Hungría.

El sentimiento de inseguridad colectiva que el terrorismo yihadista genera, puede alcanzar magnitudes tan amplias, tan infinitas, como las que corresponderían, como coste, al logro de la seguridad absoluta en su perfección suficiente.

Por todo ello cabe considerar que el atentado terrorista de Berlín tiene su horizonte de repercusión más amplio y a más dilatado plazo en el plano de la estabilidad política de la coalición gobernante en Alemania. Los muertos y heridos en el suceso, si el electorado sintonizara con la onda húngara de rechazo a la entrada de inmigrantes – especialmente los procedentes del mundo islámico – se convertirían en munición, ante las dichas urnas, contra la continuidad de los Gobiernos de coalición presididos por la señora Merkel.

En la propia medida que las naciones de la Unión Europea fueran incorporándose por modo sucesivo a las victimadas por la onda yihadista, esta variable del terror iría conformándose como una constante de desestabilización en los equilibrios internos del proceso político nacional en el conjunto de la Unión Europea. Y más aun que ello, potenciando la difusión del populismo.