Por el Eurocampo de minas

Esa certeza por consenso en que ha cristalizado, poco menos que de urgencia, la convicción de que el arrollamiento en Berlín, al modo de Niza, de la gente que se asomaba a la Navidad por la compra de regalos para los suyos -amigos y familiares-, abunda en la convicción europea de que el yihadismo, esa teología de la barbarie, concibe nuestro solar europeo como campo perentorio de venganza por no se sabe qué.

Los ataques seguirán después de lo sucedido en Niza, Bruselas y ahora en Berlín. Pero, con toda probabilidad, será este de Berlín el primero que además de los daños físicos traerá consigo efectos políticos. Sabido es de todos los arrastres populistas que ha tenido, tiene y tendrá el sobrevenido debate social por causa del fenómeno migratorio que vuelca, sobre Europa, la violencia de todo género cursante en los entornos de nuestro solar histórico; desde la que trae consigo el propio yihadismo en el seno de las propias parcelas estatales del Islam, al que procede de otros ámbitos culturales y sociales, sea el mundo asiático o sea el africano.

Pero es sin duda el primero, resuelto en conflicto abierto, como el de Siria, o proceda de una violencia diversamente encriptada, como la que soporta la Federación Rusa, que aflora episódicamente y no resulta ajena a las dinámicas yihadistas de otros ámbitos de Asia Menor y Oriente Medio. Sea de un origen o proceda de otro, venga del conflicto político o militar, o resulte de carencias económicas y carencias sociales de toda condición, el fenómeno migratorio vuelca sobre la Unión Europea una presión de peso históricamente desconocido en el mundo contemporáneo. Siria, con su guerra cvil – que ha segado ya más de 300.000 vidas – es la referencia capital en el flujo de refugiados que vuelcan sobre Europa.

Y lo hace en términos tales, número y de identidad de sus componentes (potencialmente trufados de yihadistas) que se resuelve en problemas políticos de primera magnitud para las correspondientes políticas nacionales, como es el caso de Alemania, donde la acogida dispensada por el Gobierno de la Canciller Merkel se ve poco menos que pillado electoralmente en los próximos comicios después de lo que ha sucedido en Berlín. La quiniela electoral alemana, por el atentado de Berlín -dado que la generosidad de la Canciller con la migración fue acerbamente denostada- es un test de importancia insuperable.