Malas horas para Vladimir Putin

La ratificación por el Consejo de la Unión Europea sobre una nueva prórroga de otros seis meses para las sanciones que le fueron impuestas a la Federación Rusa por la injerencia en la soberanía de Ucrania y la anexión de la península de Crimea, se ha venido a sumar con el asesinato terrorista en Estambul del embajador de Moscú ante el Gobierno turco de Recip Erdogan, luego de que Turquía y la federación Rusa hubieran superado una severa crisis por violaciones rusas del espacio aéreo de Turquía en el contexto de las respectivas intervenciones en la guerra civil siria.

Es a este crudelísimo conflicto al que cabe atribuir el asesinato del embajador ruso, en la medida en que a estas horas Turquía es factor determinante de la llegada aparente a una inflexión decisiva – hacia su final – en el curso de esa contienda.

Entre los derrotados, cuando parece finalmente acabada la batalla de Alepo, destacan en primer lugar las huestes del EI (Estado Islámico) y entre los cooperantes necesarios par ello figuran tanto el presidente ruso como el presidente turco. El asesinato de Estambul aparece poco menos que como un terrorismo de precisión.

Pero el suceso, además de comprometer la autoridad y el control del régimen de Erdogan, busca el agravio directo contra un Putin al que lesiona la prórroga europea de los sanciones políticas, económicas y de significación militar por incluir materiales de doble uso. Y todo, en un marco de relanzamiento en Estados Unidos, de la campaña de denuncia de los hackers rusos. Ahora compartida en las Cámaras de Washington por demócratas y republicanos.

No son éstos días fastos para Vladimir Putin.