Opciones limitadas de Trump con el postfidelismo

En tanto arranca el itinerario fúnebre de la novena postfidelista, planteado por el régimen que acabó con la muy liberal dictadura de Fulgencio Batista -barredora del desastre político de Prío Socarrás- Donald Trump, el muy atípico presidente electo estadounidense , como no podía ser de otra manera, echa sobre el tapete en que comenzará a jugar sus bazas desde el próximo 20 de Enero en adelante el primero de los naipes de su debelación de la política de Barack Obama, el inquilino saliente de la Casa Blanca. El naipe de la última política norteamericana con el régimen comunista de Cuba.

La anticipada denuncia del cambio político con La Habana, compone la primera muestra postelectoral manifiesta de Trump de revisar lo acordado al respecto por la saliente Administración Demócrata con Raúl Castro, la actual autoridad suprema del sistema comunista isleño.

Y de lo manifestado sobre el conjunto de los intereses puestas en liza, lo primero que se advierte es que Trump no sólo tiene frente a sí la inercia política de lo convenido por su predecesor Obama con el régimen de los Castro, sino, principalmente, el peso político y las razones económicas de sus cofrades republicanos con intereses manifiestos en las empresas de los sectores aeronáutico, turístico y del comercio en general, pese a la muy constreñida capacidad de demanda de una población constreñida por medio siglo de economía de burocracia esencialmente estaliniana.

La probabilidad de que Donald Trump venga, a partir del 20 de enero de 2017, a dar un volantazo presidencial, un giro que se aproxime a los 40 grados, cabe en el enunciado aforístico de que “de lo dicho al hecho cabe algo más que un trecho”. Sobre todo si se advierte de que en el margen de cambio cubano que quepa en una transición poco más que homeopática, desde una cosmética post-dictatorial al avistamiento de otros horizontes de efectivo cambio por senderos de socialdemocracia, se sindican evoluciones regionales de políticas sintonizadas con La Habana; sintonizadas y, de ahora en adelante, sensibles a la potencial apertura que quepa esperar de la desaparición itinerante del instaurador del sistema. En ese posible giro, pecando de tanto voluntarismo como optimismo, cabría esperar, en paralelo, apertura de ventanas en la propia Venezuela.