Más que deriva totalitaria del postgolpe turco

Era lo que faltaba al enredo bélico en el Mediterráneo Oriental, con la guerra civil que tiene a Siria encharcada en sangre y a Naciones Unidas sumida en la impotencia, por la catástrofe humanitaria en que esa tragedia de más de cinco años se resuelve un día sí y otro también, causando estragos entre la población civil, de manera muy cualificada entre los niños dentro de la inacabable batalla de Alepo.

Digo “lo que faltaba” – especialmente en el espejo de Naciones Unidas – cuando David Kayes, enviado por el Consejo de Derechos Humanos a Turquía por el Consejo de Derechos Humanos a Turquía, para informar sobre la deriva involutiva de las condiciones propias de las democracias europeas y de aquellas otras que aun no siéndolo se esforzaron, en los últimos tiempos, el sostenido empeño de parecerlo. Kayes expresa en su relato la “sensación profunda que causan las restricciones causadas por las restricciones a las libertades de opinión y expresión en todo el país”.

La deriva turca, como se sabe, tiene su origen en la sostenida y multiplicada represión entre los responsables (reales o supuestos) del frustrado golpe de Estado del pasado mes de Julio. Una represión que tiene como norte sistémico a Fethullah Gülen, ex socio ideológico de Erdogan, y que se ha resuelto en miles y miles de funcionarios de la Administración civil y miembros de las Fuerzas Armadas.

El cambio en las condiciones internas de la todavía democracia representativa turca se acompaña del abandono de los cuidados formales en que aparecían envueltas sus pretensiones de acercamiento a las instituciones europeas, un giro que incluye muestras de adhesión e interés como el OCS. Un pacto asiático y euroasiático que incluye Rusia, China, Kazajistán, Tayikistán, Uzbekistán y al que en breve se sumarían, India y Pakistán. Pero entre los cambios que figurarían en la deriva turca estaría su abandono de la Alianza Atlántica.

De llegarse a un desenlace de tal envergadura, cabría decir que nunca un golpe de Estado como el del pasado Julio en Turquía habría dado tanto de sí pese a su fracaso.