Involución dialéctica en Venezuela

Mientras la generalizada alarma internacional causada por el sorprendente resultado de las elecciones estadounidenses del 8 de Noviembre comenzaba a templarse con atemperaciones por rectificaciones difusas de Donald Trump en su sorpresivo discurso, en otro escenario político americano, el de una crispada Venezuela, suspendida sobre un abismo plural – de colapso económico, oclusión política y fracaso social – sobreviene la involución dialéctica del discurso a que habían llegado las críticas relaciones entre el régimen del chavismo, imperante en el país, y el mundo de la oposición democrática que le había vencido en toda línea en las últimas elecciones parlamentarias.

Una victoria que sentó tal inversión de las relaciones de poder entre los dos mundos respectivamente representados que fue poco menos que obligado concluir que la caída del sistema era un desenlace sin vuelta atrás. Y que la única cuestión que restaba era la forma que tendría el desenlace. Si civil o si militar, de un lado; y si, deseablemente civil, de un modo encauzado conforme la Constitución y el talante democrático, o por una dilación orquestada sin fin.

Esta última alternativa parece la que ha prevalecido, haciéndolo por vía de la sobrevenida quiebra de la MUD (Mesa de Unidad Democrática) en que se habían articulado las fuerzas vencedoras de las últimas elecciones parlamentarias venezolanas. Una quiebra sobrevenida en la negociación llamada a despejar el camino para celebración de un proceso revocatorio del mandato presidencial de Nicolás Maduro por haber incurrido en desafueros que la Constitución de Venezuela sanciona con la pérdida de poder.

La alternativa de mediaciones entre las partes enfrentadas no sirvió para otra cosa que para interpolar expectativas que sólo han servido para agotar la capacidad de aguante de quienes vencieron en las urnas pero fueron incapaces de sostener una batalla política librada frente a un adversario, el gubernamental, que domina – falsificándolo – el funcionamiento independiente y libre de los tres poderes del Estado. Tanto la intervención mediadora de UNASUR como la propia del Vaticano (ésta con la mejor de las intenciones) no han tenido otra virtualidad que la de propiciar la victoria del populismo. Una involución dialéctica en daño a las libertades del pueblo venezolano.