Cambio en las premisas del colapso venezolano

La llegada a Caracas de Monseñor Claudio María Celli, enviado papal para mediar en la crisis plenaria en que se encuentra sumida Venezuela, ha tenido la virtualidad dinámica de alterar en principio las premisas de que se partía en el arranque de la semana subsiguiente a la que registró con los hitos de protesta callejera más amplia y significativa de los últimos tiempos, como demuestra el balance de lo acontecido, con la muerte de un oficial de policía, la suma de muchos heridos y las numerosas detenciones practicadas. La prevista manifestación del próximo jueves para llegar hasta la propia sede del Gobierno en Miraflores, venía a definir la cota de tensión por la discurría el proceso.

El impacto de la intervención eclesial como significativo añadido a las polémicas propuestas de UNASUR, gestionadas por ex gobernantes de Gobiernos de España , Panamá y República Dominicana, ha sido de una relevancia más que sólo significativa. No pudo haber sido de otra manera.

La irrelevancia del trío “unasureño” corría pareja a su parcialidad, como archidemostró, en su día, el rechazo chavista de la oferta mediadora de Felipe González. Lo sobrevenido en Venezuela con el populismo de su régimen y la Iglesia pertenece a la misma historia de los demás populismos iberoamericanos, en los ecos leninistas de la Guerra Fría, con la llamada “teología de la liberación”, en cuyos manantiales ideológicos abrevaron muy significativamente eclesiásticos y políticos de El Salvador y Nicaragua.

La fantasía académica de que así como el pensamiento de Aristóles había sido en el pasado “evangelizado” por Santo Tomás, construyendo el discurso escolático, en el curso del Siglo XX correspondía hacer lo mismo, desde la Iglesia y sus pensadores de vanguardia populista, con el pensamiento de Carlos Marx, asumiéndolo como el Aristóteles de nuestra contemporaneidad. Para no pocos, el apartamiento del P. Arrupe como General de la Compañía de Jesús fue inseparable de tan revolucionaria extrapolación en la Crónica del Pensamiento y en la Historia de la Iglesia.

A día de hoy y a la vista de lo sucedido ahora con la “fuga” anticonstitucional del presidente Maduro, yéndose al Vaticano sin permiso de la Constitución venezolana con la excusa del desplomado precio el petróleo, parece haber obtenido del Sumo Pontífice una intercesión de valor crítico en la no menos crítica tensión de cambio dentro de la situación venezolana. Así que resulta de la más significativa relevancia que el actual “Papa Negro”, es decir, el nuevo General de la S.J. sea de nación venezolana y el Propio Santo Padre, de nación argentina, y jesuita también. Su “milagrosa” condescendencia con Nicolás Maduro podría contribuir a explicar lo sucedido con este cambio, aunque no lo que suceda de ahora en adelante.