Maduro, peregrino del milagro político

Me preguntaba ayer sobre qué llevaba el presidente Maduro en su peregrinación supuesta por el mundo del oro negro para conseguir un “precio justo” del barril de petróleo, peregrinación o viaje al exterior de Venezuela emprendido sin la preventiva venia del Poder Legislativo, tal como establece su Carta Magna nacional. A última hora se supo que la agenda verdadera no era otra que la de implicar al Vaticano en su estrategia de bloquear la tramitación procesal, constitucionalmente establecida, para el referéndum revocatorio de su mandato.

Al final de toda la peripecia fuguista del presidente se ha podido comprobar que lo obtenido de su entrevista con el papa Francisco, ha sido, como no podía ser de otra manera, más que una proclamación de buenos deseos y mejor voluntad por parte del Sumo Pontífice para que se pueda obtener un acuerdo político entre el Gobierno obstructor del despliegue de la legalidad conquistada once meses atrás por la Oposición.

La nula voluntad negociadora del Poder Ejecutivo se reiteraba el lunes por las propias manifestaciones de la segunda jerarquía del régimen, Diosdado Cabello, al declarar que “nuestro proyecto político no lo vamos a negociar”, al propio tiempo que las huestes chavistas violaban la sede del Poder Legislativo para abortar la tramitación parlamentaria de las disposiciones depuratorias de los magistrados – impuestos y sostenidos contra la nueva mayoría parlamentaria – responsables de las condenas políticas a los dirigentes de la Oposición.
Para más ilustrar los alcances de la envolvente chavista contra la que este miércoles se efectuará la gran manifestación en el centro de Caracas – si el Gobierno no lo impide -, Jesús Torrealba, secretario Ejecutivo de la Mesa de Unidad Democrática, y uno de los firmantes del acuerdo de principios suscrito bajo los alientos vaticanos, precisa que “el diálogo no puede ser visto como una estrategia para ganar tiempo”.

Aparte de tomar nota de los agradecimientos del chavismo a las labores de “mediación” de Rodríguez Zapatero y de la simultaneidad del escrache venezolano al Parlamento, junto a la simultánea desclasificación vaticana de sus documentos sobre los excesos de la Dictadura argentina en la represión durante la guerra civil contra el populismo en armas, es lo razonable tomar con la debida objetividad lo “conseguido” por Maduro en su pirueta política cerca del Papa Francisco. El caos subsiste en Venezuela tras el sostenido enroque golpista del chavismo.

También Venezuela, en cierto e incuestionable sentido, desde el populismo que induce con sus comportamientos y recursos en determinada izquierda nuestra, es también, más y más, un problema español. Incluso envuelto en vientos de escrache sobre nuestro Parlamento.