La oposición venezolana espera que el ejército modere al Gobierno

Mientras Nicolás Maduro, el responsable de la catástrofe nacional que vive Venezuela – en lo económico, en lo social y en lo político – se acoraza en su demérito nada superable tomando el avión presidencial, sin la preceptiva venia del Parlamento, para dar la vuelta geográfica por el petróleo euroasiático. Se convierte en peregrino del “barril al precio justo”. Con ello pretende curar los males de la patria y desentenderse de la crisis de la presente crisis política: la más profunda y sistémica de cuantas lleva acumuladas por el chavismo.

Así, tan relevante como el cierre de la frontera del país a Henrique Capriles, que fue su rival en las probables últimas elecciones libres del chavismo, ha sido la detonación sucesoria de Diosdado Cabello, el segundo hombre del PSUV, partido del régimen, enunciando el propósito y anunciando las medidas que lo componen para esta nueva fase en la liquidación de lo que pretendió ser, en un principio, la democracia igualitaria tutelada por el paradigma castrocomunista.

Una aventura para el epílogo de la Guerra Fría en su versión iberoamericana, tras del desastre allendista en Chile, prologado por las prédicas inacabables de Fidel por campos y por las minas del cobre, y concluido por Pinochet desde supuestas instrucciones ejecutivas del presidente Nixon.

Sin embargo, a lo que se ve, no se le ha dado relevancia alguna en el drama venezolano al “éxito” espectacular de la larga mediación política de ZP realizada en sus idas y venidas a Caracas (dónde el chavismo cerró las puertas a Felipe González) y también dónde otro presidente del Gobierno español, ha perpetrado la póstuma exportación de su incompetencia política.

El rotundo fracaso de este personaje ha sido como el redoble, la más fehaciente prueba de su capacidad para desbaratar, hasta el fondo mismo del problema, un proceso de transición favorable a los intereses nacionales en juego. Tal como ocurrió en su momento con la Ley de la Memoria Histórica, aplicada como carga de fondo, en el remate práctico de la Transición. Aquello enervó y resucitó el choque español entre los paradigmas de las dos democracias: la democracia para la libertad y la democracia para la igualdad. La cursante clave del populismo de ahora: plenario en Venezuela y como delegado formato de trinchera en España.

Nunca como ahora, insisto, la crisis institucional de Venezula había llegado a niveles de tensión como las que hora se viven allí. Para este miércoles H. Capriles ha convocado una manifestación de protesta en el centro de Caracas, mientras que la esposa de Leopoldo López, el más relevante preso político con que se engalana la dictadura “maduriana”, hace la propio convocando otra manifestación de mujeres para el sábado, y el mismo Capriles manifiesta públicamente su espera el respaldo de las Fuerzas Armadas para restaurar el orden constitucional. Desarrolla de este modo el dirigente opositor la definición de las condiciones de golpismo inverso en que Venezuela se encuentra sumida. Es el Gobierno quien atropella la Constitución y la Oposición la que demanda al Ejército que restituya la legalidad.