Venezuela sin revocatorio, Colombia con transitorio

Valiéndose de la violación sistemática del Estado de Derecho, principalmente de la carencia de libertad de los jueces, Nicolás Maduro se ha librado del proceso revocatorio que habría de haberle puesto en la calle e impedido que un correligionario ( el actual vicepresidente) le supliera en la Jefatura del Estado, luego de conseguir con añagazas dilatorias del proceso de cambio presidencial – que la victoria parlamentaria de la Oposición democrática del 6 de Diciembre de 20015 hizo posible con su contundencia. Así las cosas, el régimen bolivariano se ha garantizado en principio la permanencia hasta la celebración de otras elecciones presidenciales. En efecto, si el proceso revocatorio se celebrara sólo valdría para que Nicolás Maduro cediera la poltrona presidencial al cofrade chavista que tiene a su vera. Todo seguiría igual que hasta ahora. Con la sorna añadida de que las multitudes que se volcaron por Caracas el 1 de Septiembre pasado, en protesta por los dictatoriales abusos, han sido toreadas. De capa y con muleta; con estoque y sin puntilla.

Al otro lado de la compartida frontera, por las tierras de Colombia, lo que se ha venido a abrir es un proceso transitorio desde lo que fueron 50 años de acoso armado del marxismo-leninismo de las Farc -algo más que veteado por el narcotráfico – a una democracia entendida conforme patrones occidentales.

Un tal Alape, autoridad doctrinal dentro de la otra parte contratante en las negociaciones de La Habana -en las que el presidente de Colombia Juan Manuel Santos- se lo ha jugado todo por la aventura de la paz, luego de que siendo ministro de Defensa en el Gabinete del presidente Uribe, hizo a la narcoguerrilla el daño mayor que ningún otro Gobierno colombiano (y posiblemente más que la suma de todos los que la combatieron) le hicieron. Tanto que forzó las condiciones necesarias para que ésta se aviniese a negociar la paz y a suscribirla en términos que habrá de refrendar la Nación. Un tal Alape, digo, para orientar al mundo sobre las líneas de conducta y modelos de pensamiento de la otra parte contratante ha hecho a saber sobre lo qué piensa. Y por dónde caminarán las conductas, ahora en en la paz, al transitar por dónde medio siglo antes anduvieron y corrían los tiros.

El modelo –dice- es el de “Una democracia interna basada en el leninismo. No una transformación hacia el socialismo, sino otra distinta para mejorar la democracia burguesa”. Se advierte que la coherencia no acaba de funcionar en el discurso de lo que pretende ser la nueva fuerza política surgida de lo que antes fueron las Farc. Las “democracias basadas en el leninismo” todos sabemos en qué siempre resultaron. Nadie recuerda un solo caso de reformismo. Todo fue dictadura totalitaria, como esto en que, con Nicolás Maduro chapotea el venezolano socialismo chavista.

Si este discurso del tal Alape va a ser el régimen de marcha o la línea de llegada para una hipotética transición de las Farc a la decencia democrática, apañados estarían los colombianos.