USA y Rusia, entre la confusión y la certeza

Aquello que pareció poco menos que un milagro – el pacto ruso-americano del establecimiento de una tregua, del silencio de las armas durante unos pocos días, con el cese de los bombardeos y el regreso de las gentes a las calles, especialmente en las la martirizada Alepo; un compás de espera hasta llegar al punto en el que sobreviniera el cambio suficiente para que ambas grandes potencias, la norteamericana y la rusa, alcanzaran en común la reanudación de la actividad aérea, pero esta vez contra las posiciones del EI (Estado Islámico).

No fue así. Los bombardeos de la aviación estadounidense se reanudaron contra las posiciones del Ejército gubernamental de Al Assad; es decir, de la parte del conflicto que cerró, un día tras otro, el acceso a la ciudad de Alepo de los grandes transportes portadores de la ayuda internacional de alimentos, detenidos éstos en la frontera turco-siria. Aquel punto crucial del acuerdo había saltado por los aires: primero por el bloqueo ruso-sirio y después por el castigo aéreo norteamericano de las huestes del régimen de Damasco.

Sobreviene por tanto la pregunta de si la infracción occidental con el bombardeo fue debida a un error, tal como se ha dicho por parte norteamericana, o si por el contrario, el bombardeo fue por consecuencia del bloqueo del socorro alimentario a la población civil de Alepo. Sea por lo que fuere, lo no discutible es que entre el régimen chií de Al Asad y el régimen iraní del presidente Rohani, cofrades ambos en el chiísmo, existe un nexo estructural que, por activa y por pasiva, cabe decir, es tan determinante como pueda serlo el que existe entre Washington y Riad. Dicho sea con la plena conciencia de las polarizaciones actualmente cursantes por causa de la tensión geopolítica imperante en el Golfo del Petróleo, inducida a su vez ahora por el problema del Yemen como antes lo fue por el conflicto de Bahrein. Por simétricas razones o motivaciones, la diplomacia rusa aparece retrepada más que solo instalada en Teherán. Como la norteamericana lo está en Yeda.

Por si algo faltara, sin embargo, para añadir confusión y complejidad al problema de la guerra de Siria es la condición sistémica de ésta. Algo que expresa en lo geopolítico un paralelismo inquietante con la tectónica de placas, generadora en la región y desde el Bósforo a Gibraltar, geofísicamente, de una crónica milenaria de seísmos y volcanes.

Otro punto a considerar es el rebote demencial del candidato republicano a la Casa Blanca con su elogio del putinismo ruso. Éramos pocos y parió la abuela.