¿A dos días del estallido en Venezuela?

Pasado mañana, jueves, se cumplen 14 años de la gran manifestación popular de protesta contra el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que desembocó en el golpe de Estado que le orilló del poder 48 horas. Para esta misma fecha, dentro de otras 48, está convocada por la Oposición venezolana una gran manifestación en Caracas aplicada a protestar contra el bloqueo político por parte del régimen del referéndum revocatorio que ha de celebrarse este año para apartar del poder al presidente Nicolás Maduro, toda vez que en su momento se aportó el número de votos suficiente para ello, tal y conforme establece la ley.

Y se protesta además porque los poderes del régimen chavista, violando la independencia judicial, detuvo el incoado proceso político para que la consulta revocatoria de las facultades presidenciales no pudiera celebrarse en el curso del presente ejercicio, con lo cual se bloquearía el cumplimiento de los plazos para la destitución presidencial y Nicolás Maduro seguiría dos años más en el poder. Todo como si en Venezuela no hubiera pasado nada; es decir, sin que la derrota electoral del chavismo el 6 de Diciembre de 2015 se hubiera producido en términos tan taxativos que permitieran a la vencedora Oposición incoar, por vía de referéndum revocatorio, la destitución presidencial.

La situación ha llegado a límites extremos. El general Padrino, ministro de Defensa en el Gobierno de Nicolás Maduro ha hecho unas declaraciones en las que reconoce el derecho de los venezolanos a manifestarse, aunque el Ejército debe velar para que se respete el orden público… Sin embargo, tenido en cuenta que esa misma obligación concierne y afecta también al propio Gobierno, y éste la incumple de entrada al contravenir el mandato constitucional que establece la posibilidad de revocar aquel otro mandato que se le dio a Nicolás Maduro cuando fue elegido presidente. El orden público es algo más profundo que la paz en las calles y la ausencia de alborotos. El orden público, en su sentido más radical es la vigencia y el respeto de las leyes, comenzando principalísimamente por el propio Gobierno: el primer servidor de la ley cuando el orden vigente es el propio del Estado de derecho.

Tal como están las cosas en Venezuela y conforme se tiene advertido ya desde la Secretaría General de la OEA, la situación allí no cabe calificarla de otra forma que de crítica. O sobreviene el cambio allí, o madura y se consagra la dictadura.