Este y oeste cruzan bazas de alto riesgo en Siria y Ucrania

El paso de Vladimir Putin por Crimea mientras Estados Unidos despliega cazas propios frente a la fuerza aérea siria vertebrada por la aviación rusa, haciéndolo en defensa de las fuerzas especiales estadounidenses – desplegadas a su vez en apoyo de las milicias kurdas que combaten al Estado Islámico en el noreste del teatro sirio de la guerra -, compone una situación complicada y preocupante en grado muy singular.

Cuando el pasado viernes, según se ha sabido ahora, dos F22 norteamericanos se situaron a menos 2.000 metros de dos cazabombarderos Sujoy rusos, aunque posteriormente se limitaron a sobrevolar la zona, buques de guerra rusos en el Meditererráneo –probablemente con base en Latakia – lanzaron misiles de crucero contra posiciones rebeldes al presidente Asad situadas en las proximidades de Alepo. O sea, como operaciones rusas de castigo que se añaden a las de su propia aviación realizadas desde la base iraní de Hamadán; que ha sido la última adición a sus posiciones en Oriente Próximo y Medio Oriente.

Al tiempo que esto ocurre en el escenario medio-oriental, el presidente Putin abre como una suerte de capítulo “administrativo” destinado a la deglución política internacional del estatus forzado sobre la península de Crimea, dando por hecho que la mutilación territorial de Ucrania es algo de naturaleza irreversible. Materia que traduce la propia incapacidad del Gobierno del presidente Poroshenko para cumplir los pactados Acuerdos de Minks, suscritos durante la última crisis bélica en la parte oriental de Ucrania, entre las fuerzas gubernamentales de Kiev y las fuerzas pro-rusas de esa parte del país, ampliamente trufadas y guarnecidas de tropas rusas.

Es de advertir cómo dentro de este marco occidental que define la precampaña de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, parece que el propósito del Gobierno de Vladimir Putin no fuera otro que la de la prevalencia de la propia iniciativa rusa dentro de un escenario de alboroto y confusión como el engendrado por la desmesurada y atípica irrelevancia Donald Trump.